Fuimos a mi casa llena de muebles corazón que ella le dejó a mi hermano.
Cuando dieron las ocho en mi pueblo entramos en el café del museo, donde cada sábado viene Totateke a cantar. Aquí salgo yo bebiendome un café antes de la actuación.
Como decía Marcia: ¡Esto parece una discoteca! Me encantaron las canciones, ¡me dolían las manos de aplaudir!, y además están mucho mejor cuando viene alguien de fuera y las escucháis juntos.



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